De la informalidad a la
modernidad
América
Latina es un lugar muy excitante para negocios e inversiones. Las riquezas
naturales y el espíritu emprendedor, combinado con la salida de largos procesos
de tensión política y social, han resultado que en los últimos 20 años el
desarrollo de la región haya explotado. En ese período las tasas de crecimiento
han sido en promedio del 7% anual, pero con algunos años de más de 10 puntos y
otros con feos negativos. Este sube y baja es atractivo para las inversiones líquidas,
con bajas barreras de entrada y de salida, pero da mucho temor para las
inversiones grandes y de infraestructura. Como consecuencia, el desarrollo de
fondo y de infraestructura en nuestra región en general sigue con atrasos;
invertir en América Latina es para movimientos rápidos y no es para corazones
débiles. En contraste, Perú se ha comportado como un muy buen alumno; en estos
20 años no solo ha crecido más rápido que el promedio de la región, 8% anual,
sino que también ha mostrado crecimientos positivos en 19 de los 20 años (-0.6%
en el 98). Este comportamiento positivo, estable y sin sorpresas le ha
permitido a Perú diferenciarse del resto de la región y atraer inversiones de
calidad y proyectando al país a un futuro cada vez más generoso. Se consolida
la transición de Perú de la informalidad a la modernidad. La minería sigue
siendo el sector más fuerte y con buen crecimiento a pesar de las bajas de
precios de commodities; pero esta mayor riqueza se ha volcado en buena parte a
un mayor acceso al consumo de grandes sectores de la población. Un reflejo del
mayor nivel de consumo se ve en el crecimiento en centros comerciales: Hay unos
81 centros comerciales que operan en el Perú, un número que ha crecido desde
los ocho que había a finales de 1999. Se espera que se inauguren otros 10 hacia
finales de 2017. Este proceso de crecimiento trajo consigo un desarrollo del
orgullo y la confianza en sí mismo del Peruano y lo alentó a afirmarse en su
diferencia y hacer de eso un nuevo valor. Ejemplos de este reforzado orgullo de
la Peruanidad están en dos enormes nuevas marcas: La nueva cocina peruana y el
desarrollo del turismo marca La gastronomía peruana es ya marca mundial, y la
originalidad, contrastes y creatividad alimentada por fusión de culturas locales,
europeas, africanas y asiáticas es tan interesante que ya domina los rankings
de los mejores restaurantes de América Latina y se encuentra entre las mejores
del mundo. Pero aún más notable que el éxito, la calidad y originalidad de la
gastronomía es el mismísimo orgullo que los peruanos sienten por ella; ¡es una
nueva bandera que hace inflar el pecho y sacar una amplia sonrisa de
satisfacción en todos! El otro gran símbolo nacional que refleja muy bien
también el paso de la informalidad a la modernidad es el desarrollo del
turismo. El número de turistas internacionales se duplicó en menos de 10 años y
los destinos se multiplican mucho más allá de Machu Picchu, en destinos como Nazca,
Puno, Iquitos, los Andes, Región Amazonas, playas y ciudades Incas, coloniales
y modernas. Para transformar el turismo en un sector más inclusivo y generador
de empleos, el gobierno peruano está enfocándose en la eliminación de visados,
mejoras aeroportuarias y en el incremento de la conectividad con otros hubs de
aviación importantes de América Latina y la región APEC. El crecimiento firme,
el fortalecido orgullo y el consolidado camino en la modernidad presentan un
mercado y un consumidor peruano lleno de nuevas oportunidades, abierto a la
experimentación y a la innovación.
El ser una empresa formal nos lleva a ser más estables, y brindar un
producto donde a los clientes les da confianza y seguridad, porque prefieren ir
a las galerías o centros comerciales que los pequeños mercados, donde corren
riesgo de robos o asaltos.
El tener una empresa o negocio formal donde
entreguemos comprobantes de pago les da otro valor a nuestro producto, que
ofrecerlos en la vía pública


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